15 de agosto de 2016 : la fiesta de la Asunción con las Hermanitas

«Cuando María, Madre nuestra, fue fecundada por el Espíritu, su cuerpo se convirtió en el primer altar de la Eucaristía y se apresuró para ir al encuentro de Isabel» Cardenal Bro, 24-01-16

Al acercarse la fiesta de la Asunción, nos gusta continuar la invitación del Mensaje de Pascua de 2016 acogiendo el Misterio de la Eucaristía, escogiendo algunos textos de Iglesia que nos hacen contemplar a María, Mujer Eucarística. Por ella, dejémonos renovar por el amor de Cristo.
 
Adoptamos esta expresión original «mujer eucarística» de la encíclica Ecclesia de Eucharistia de San Juan Pablo II (En la escuela de María, mujer Eucarística, cap. 6):
“Se puede intuir indirectamente la relación entre María y la Eucaristía a partir de su actitud interior. La vida entera de María muestra que es una ‘mujer eucarística’. La Iglesia, contemplando a María como su modelo, está también llamada a imitarla en relación con este santísimo Misterio.
 
…Si la Eucaristía es un misterio de fe que sobrepasa nuestra inteligencia hasta el punto de obligarnos a abandonarnos totalmente a la palabra de Dios, ninguna persona puede servirnos de apoyo y guía como María para este proceso. Cuando repetimos el gesto de Cristo en la última Cena, obedeciendo a su mandato: «¡Hagan esto en memoria mía!» (Lc. 22, 19), acogemos a la vez la invitación de María a obedecerle sin ninguna duda: «Hagan todo lo que El les diga» (Jn. 2, 5). Con la solicitud materna de la que da testimonio en las bodas de Cana, parece que María nos diga: «No tengan ninguna duda; confíen plenamente en la palabra de mi Hijo. El, que es capaz de convertir el agua en vino, también es capaz de hacer del pan y del vino, su cuerpo y su sangre, transmitiendo a los creyentes, en este misterio, la memoria viva de su Pascua, para hacerse así “pan de vida”…
 
«Dichosa Tú que has creído» (Lc. 1, 45): En el misterio de la Encarnación, también María ha anticipado la fe eucarística de la Iglesia. Cuando en el momento de la Visitación, lleva en su seno al Verbo hecho carne, se convierte, de alguna manera, en un «sagrario» – el primer «sagrario» de la historia – en el que el Hijo de Dios, invisible aún a los ojos de las personas, se presenta «irradiando» casi su luz, a la adoración de Isabel, mediante los ojos y la voz de María… »
 
Escuchemos también al papa Benedicto XVI en la exhortación post sinodal Sacramentum Caritatis 2007 : 
“María de Nazaret aparece como la persona cuya libertad está totalmente disponible a la voluntad de Dios…Virgen de la escucha… guarda en su corazón las palabras que proceden de Dios, y ordenándolas como en un mosaico, se prepara a comprenderlas con más profundidad (Lc 2, 19,51); María es la gran Creyente que con plena confianza se pone en manos de Dios, abandonándose a su voluntad”.
De la Anunciación a la Cruz, María es la que acoge en ella la Palabra hecha carne y que va hasta callarse en el silencio de la muerte. Es ella, en fin, la que recibe en sus brazos el cuerpo entregado, desde ahora inanimado, del que ha amado verdaderamente a los suyos «hasta el fin» (Jn. 13, 1).
 
“Por esto, cada vez que en la liturgia eucarística nos acercamos al Cuerpo y a la Sangre de Cristo, nos dirigimos igualmente hacia ella que acogió por toda la Iglesia el sacrificio de Cristo, adhiriéndose plenamente a él... Es la Inmaculada que acoge incondicionalmente el don de Dios asociándose así a la obra de la salvación. María de Nazaret, icono de la Iglesia naciente, nos muestra que cada uno/a de nosotros/as está llamado/a a acoger el don que Jesús hace de sí mismo en la Eucaristía…”
 
En conclusión, recordemos las palabras de nuestro Fundador: 
(María) «Siempre correspondió a las gracias de Dios.» 16 de agosto de 1894
«María es de Dios, en Dios y por Dios.» 9 de septiembre de 1896
«Acuérdense de que la Santísima Virgen es en su Visitación, el modelo que deben copiar; acuérdense también de que han de estar dispuestas a soportar todas las fatigas para aliviar a los enfermos y sobre todo para llevarles a Nuestro Señor, el único que convierte los corazones y los santifica.» 2 de julio de 1891
 
Reunidas en Congregación por esta fiesta de la Asunción, pedimos que María nos acompañe y que como ella, estemos centradas en Dios, para responder hoy a sus llamadas. 
 
Que este tiempo de preparación al Capítulo general, ayudadas por la reflexión y relectura propuestas a lo largo de estos meses, nos sitúe en esta disposición, para estar cada una y todas juntas, abiertas «a las sorpresas de Dios».
 
¡Buena fiesta a cada una! 
Con nuestro afecto fraterno,

Marie-Françoise, Piedad, Geneviève, Mary, Eugenia
13/08/2016
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