15 de agosto 2013 : fiesta de la Asunción

 ¡ Magnificat !

 
“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador,
porque se ha fijado en la humildad de su esclava, 
desde ahora me felicitarán todas las generaciones.
El Todopoderoso ha hecho maravillas en mí…
Derriba del trono a los potentados, enaltece a los humildes.
Colma de bienes a los hambrientos…”
 
Vemos a María exultante de alegría.
Vemos la fe viva de María modelada por la vida de su pueblo, de su propia familia, habitada por la Torah. Donde la historia y la “Palabra” se entremezclan y dan vida. Donde “la Historia de Salvación y la nuestra, son una misma y única historia cuyo horizonte es la Gloria de Dios.” RV30
 
Historia de liberación. Paso, siempre renovado, del Mar Rojo donde resuena el canto de liberación de Myriam, como el del “Exultet” cantado por la Iglesia en la noche de la Resurrección. Y sin embargo, todo acontece sencillamente, en la vida ordinaria. María visitada por el ángel, a la escucha de Dios se convierte Ella misma en “visitadora” y hace memoria del poder de su Señor.
María parte de casi nada, solamente de una palabra. María ha escuchado las palabras de Dios por la voz del ángel, por la de José, por la de Elisabet.
La esperanza de María es que Dios va a devolver la dignidad a los pobres, a los excluidos. Esta convicción es tal que los dos niños en los vientres de estas dos mujeres saltan de gozo. Ellos confirman también que la promesa de Dios está germinando, con creciente vigor, y esto para todo el pueblo.
María, por su escucha se hace atenta, disponible. Ya no parará, hasta llegar a la cruz donde volverá a escuchar la palabra de su Hijo : “Mujer, he ahí a tu hijo”. Acogiendo a Juan, dará a luz a la Iglesia.
De la debilidad del humus, por la fuerza del Espíritu va a sobreabundar la vida. De la espera y de la esperanza, María da el paso a la fe. Ella conduce hasta el súmmum la esperanza de Israel. Ella recapitula la experiencia que todo viviente está llamado a hacer.
 
Se nos ha ofrecido esta vocación plena, total.
A lo largo de estos meses, leyendo las síntesis, los informes de los diferentes equipos de animación, los de los Consejos de Provincias y Regiones, repasando los sondajes y hasta los últimos trabajos en Capítulo, somos testigos que todas estas palabras de vida van trazando en filigrana nuestra historia entrelazada de fragilidad, de esperanza y de fe. ¡Cuánto realismo, consentimiento, “nacimientos” y “resurrecciones”, cuantos encuentros con Dios! Pues nuestro Dios-Salvador se hace encontradizo en la encrucijada de nuestros ajustamientos, de nuestras vidas al descubierto y vulnerables, en el vacío de nuestra verdad. Entonces, más fuerte que nosotras mismas - “En la debilidad es cuando soy fuerte” nos dice San Pablo -, más fuerte que nosotras mismas, de la esperanza brota la vida de fe.
“El levanta al pobre y al humilde con la fuerza de su brazo”
¿Tenemos algo más a compartir? ¿Tenemos otra cosa que decirnos que no sea la experiencia-misma de nuestra salvación personal y colectiva?
 
El Papa Francisco nos dice: “Nosotros somos débiles, pero hemos de ser valientes en nuestra fragilidad.” Y con motivo de la Jornada de Concentración en Roma, de Novicias y Seminaristas agregó abandonando el texto : “Una Novicia, un seminarista deben tener cara alegre y no triste.”
Si, alegres por la fe. Nuestro mundo atraviesa demasiadas pruebas, sufrimientos, guerras, injusticias para que nosotras nos quedemos en una alegría insulsa, no fundamentada, que sería un insulto a este sufrimiento del mundo. Pero sin embargo en estos tiempos que atravesamos debemos animarnos a vivir de la esperanza en Dios.
Mientras que las nuevas estructuras se ponen en marcha y se nos pide actuar, lo más cercanas posible a nuestros lugares de vida, aunque aún ignoramos el trazado exacto de esta mutación, mirando a María vemos que de la anunciación a la cruz Ella ha sabido “hacer nacer” apoyada en la fe en Aquel que ha hecho, hace y hará maravillas, El que libera a los pobres.
Así pues, volvámonos hacia ella como Etienne Pernet lo hizo numerosas veces en la Iglesia de Nuestra Señora de las Victorias. Él dirá, el 13 de noviembre de 1881, que la advocación “Nuestra Señora de la Salvación es consecuencia de la de Nuestra Señora de las Victorias, ya que fue triunfando con su Hijo como María nos aportó la Salvación. Con EL ella continúa la obra del Salvador.”
 
Recemos con sencillez a María :
 
Venimos a ti, María, con el más vivo agradecimiento y la más entera confianza.
Te agradecemos todas las gracias recibidas este año.
Te confiamos de nuevo nuestra vida religiosa apostólica.
Enséñanos a servir a Cristo y a participar en su misión de Salvación.
Entre tus manos prometemos permanecer fieles a la Iglesia y a las exigencias de nuestra vocación.
Nuestra Señora de la Asunción conduce a la Congregación según el plan de Dios.
(Oración de convención)
 
Seamos mujeres de fe las unas para las otras, y para el mundo.
Hermosa Misión. Buena Fiesta de la Asunción.
 
13/08/2013
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